Recepcionista
Contesta el teléfono, responde las preguntas de siempre y agenda. Deriva a una persona cuando la conversación lo pide.
No trabajamos con un catálogo cerrado. Lo que construimos sale de lo que la auditoría encontró: primero se mide dónde se pierde el tiempo, después se decide qué vale la pena automatizar.
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El punto de partida. Nos sentamos contigo a mirar cómo funciona hoy tu operación y salimos con un diagnóstico de dónde la automatización y la IA sirven de verdad, y en qué orden conviene hacerlo.
Cómo te encuentran, qué ven cuando llegan y qué pasa después.
Por dónde pasa la información entre sistemas, personas y planillas.
El trabajo que se repite cada semana y en qué se va el tiempo.
Terminas con hallazgos concretos y una lista de recomendaciones ordenada por impacto. Si algo no vale la pena automatizar, te lo decimos.
No partimos de cero: tenemos herramientas propias de auditoría y ya hicimos auditorías a empresas reales que operan hoy. No publicamos nombres de clientes.
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Miramos la operación completa —presencia digital, flujos internos y trabajo diario— antes de proponer cualquier cosa.
Aparecen los cuellos de botella reales, ordenados por impacto. Casi nunca son los que uno esperaba.
Se construye lo que resuelve un hallazgo concreto, con un alcance definido de antemano.
Cada solución se diseña a la medida del problema que la auditoría encontró. Estas son algunas que ya hicimos, para que te hagas una idea. La tuya puede no parecerse a ninguna.
Contesta el teléfono, responde las preguntas de siempre y agenda. Deriva a una persona cuando la conversación lo pide.
Atiende por WhatsApp, incluidas las notas de voz que la gente manda en vez de escribir.
Construido y en pruebas con una clínica dental.
Arma cotizaciones con tus precios, tus reglas y tus plazos, sin que alguien tenga que copiar datos a mano.
Da seguimiento a las consultas que quedaron sin respuesta y avisa cuáles vale la pena retomar.
Pide reseñas en el momento en que el cliente está conforme, y detecta a los que dejaron de comprar.
Varias de las piezas anteriores armadas juntas para un rubro concreto, con su vocabulario y sus reglas.
El patrón se repite entre rubros: una base de conocimiento con la información que la gente pregunta siempre, un reconocimiento de clientes que sabe con quién está hablando y qué pasó la última vez, y una agenda conectada al calendario real. Cambia el vocabulario, cambian las reglas, la estructura se mantiene.
La auditoría es el punto de partida. Desde ahí se decide qué construir.